


Ya sabes cómo se pone tu perro cuando agarras un palo.
Bueno, Furiosa se emociona igual… pero para ella hay algo todavía mejor que un palo. Y no, no es una pelota.
Se estira hacia atrás, hace un gruñidito raro y gracioso, empieza a mover la cola como loca y da vueltas en círculos. ¿Y todo eso por qué? Porque vio una cámara.
Bueno, hicimos dos cortometrajes con ella, y para Furiosa una cámara significa juego, premios y toda nuestra atención. Cada vez que hace algo bien, recibe una golosina.
O… simplemente cuando nos mira de la manera correcta.
Y si queremos llevarla a un estado de emoción máxima, siempre podemos sacar la pelota y jugar unos minutos. Eso casi siempre le saca esa sonrisa hermosa y la lengua gigante afuera.
Si la sonrisa desaparece por cualquier motivo, simplemente volvemos a jugar.
Y cuando logramos la toma que queríamos, ella recibe un “choca esos cinco”, más premios y muchísimos abrazos.
Está completamente condicionada a pensar que las cámaras representan todo lo bueno en la vida de un perro.
¿Se puede superar eso?
Para ella, la cámara significa emoción pura.
A veces me pregunto qué pasaría si empezáramos a lanzar cámaras en vez de palos.
Lo único que siquiera se acerca a las cámaras es la pista. Pero esa es otra historia… y una todavía más extraña.